“El Señor es mi porción; he prometido guardar tus palabras. Supliqué tu favor con todo mi corazón; ten piedad de mí conforme a tu promesa. Consideré mis caminos, y volví mis pasos a tus testimonios. Me apresuré y no me tardé en guardar tus mandamientos”
Salmos 119:57-60
El Señor era la porción del salmista y había jurado obedecer la Palabra de Dios…
Lo primero que vemos aquí es que quien depende de Dios, muestra tal dependencia con una oración verdadera: “Tu presencia supliqué de todo corazón...” (Vs.58a). Enfrentándose con el deber de obedecer la Palabra de Dios, el salmista sintió su debilidad y tendencia al fracaso, por eso hizo la única cosa razonable que pudo hacer bajo tales circunstancias: oraba. Con todo su corazón suplicó el favor de Dios, rogando que el Rey le diera la gracia y las fuerzas para hacer la voluntad de su Amo.
¿Por qué lo hizo el salmista y qué relación tiene esta dependencia con este tipo de oración?
Él tenía fe en la provisión prometida por Dios: “...Ten misericordia de mí según tu palabra” (Vs.58b). Nuestro gran ánimo para orar es que Dios nos ha prometido en Su Palabra proveer todo lo que necesitamos para hacer su voluntad… tales promesas preciosas llegan a ser el material que el creyente usa para hacer su súplica. No llora suplicando cualquier misericordia… No; sino aquella que ha de ser concedida conforme a las promesas reales de Dios
Así que amado hermano o hermana, quien quiera que seas, debes aprender a cultivar un clima que fomenta una vida de obediencia consciente y fiel, un clima de la confesión de tu debilidad y una dependencia total de Dios que te obliga a orar con todo el corazón. Muchos tienen gran necesidad de esto, sin embargo parece que no se dan cuenta.
“Puedes gemir y lamentar el progreso tan flojo de la gracia, pero si no quieres orar, los andrajos de una vida floja serán las marcas de la condenación de Dios sobre tu falta de oración”
No tenéis (dice Santiago) porque no pedís. Dios ha ordenado la oración como el gran medio de cambiar tu debilidad por su poder, y si menosprecias este medio descuidando la oración, entonces no vas a prosperar en tu andar cristiano. Puedes correr de un pastor al otro buscando cien veces a la semana su consejo; pero sin orar no progresarás en el crecimiento cristiano, ni en la victoria sobre el pecado remanente de tu carne.